Junio 10, 2026

MIT Technology Review se pregunta si existe realmente una burbuja en la IA

Miguel Angel Ducci – CEO, Founder & Editor El Ciudadano Digital-

Todo el mundo en la industria tecnológica parece estar de acuerdo en que existe una burbuja alrededor de la Inteligencia Artificial, pero nadie se pone de acuerdo en qué forma tiene ni en qué pasará cuando reviente. Las cifras que rodean a este sector han alcanzado unas dimensiones que MIT Technology Review se pregunta si lo que hay detrás es una revolución tecnológica real o una repetición del patrón que ya se vivió con las puntocom a finales de los noventa.

Las grandes tecnológicas van a invertir hasta medio billón de dólares este año en infraestructura para Inteligencia Artificial, y las proyecciones apuntan a que el gasto acumulado podría alcanzar los tres billones de dólares en 2028.

Todo el mundo en la industria tecnológica parece estar de acuerdo en que existe una burbuja alrededor de la Inteligencia Artificial, pero nadie se pone de acuerdo en qué forma tiene ni en qué pasará cuando reviente. Las cifras que rodean a este sector han alcanzado unas dimensiones que MIT Technology Review se pregunta si lo que hay detrás es una revolución tecnológica real o una repetición del patrón que ya se vivió con las puntocom a finales de los noventa.

Los grandes de la tecnología van camino de invertir entre 350.000 y 500.000 millones de dólares solo este año en infraestructura para inteligencia artificial, y las proyecciones apuntan a que el gasto acumulado podría alcanzar los tres billones de dólares en 2028. Goldman Sachs ha señalado que el mercado bursátil ya ha incorporado unos 19 billones de dólares en valor vinculado a la IA. El propio banco ha comparado la situación actual con la de 1997, cuando las acciones tecnológicas empezaban a inflarse antes del estallido, y ha identificado cinco señales de alarma: el pico en el gasto de inversión, la caída de beneficios empresariales, el aumento de la deuda corporativa, los recortes de tipos de interés y el ensanchamiento de los diferenciales de crédito.

Un informe de la consultora Bain ha puesto encima de la mesa otro dato revelador: para que todo el dinero destinado a infraestructura de IA quede justificado, el sector necesitaría generar unos ingresos anuales de dos billones de dólares en 2030, una cantidad que supera los ingresos combinados de Amazon, Apple, Alphabet, Microsoft, Meta y Nvidia en 2024. 

Estudio del MIT que puso nerviosos a los grandes inversores

Imagen de wikicharlie.cl

En julio, un estudio de Massachusetts Institute of Technology (MIT) tituló un debate que llevaba meses cocinándose en los mercados: el 95 por ciento de las empresas que habían invertido en inteligencia artificial generativa no estaban obteniendo ningún retorno medible. La investigación analizó 300 iniciativas empresariales y reveló lo que sus autores denominaron la brecha de la IA generativa: una minoría de compañías extraen millones en valor mientras una inmensa mayoría se ha quedado atascada en proyectos piloto sin impacto real en sus cuentas. Las empresas estadounidenses habían invertido de forma colectiva entre 35.000 y 40.000 millones de dólares en estas iniciativas, y casi todo ese dinero había producido nada cuantificable.

Hay otro elemento que preocupa a los analistas más críticos, y es la estructura financiera que sostiene buena parte de la inversión. Las llamadas operaciones circulares entre las grandes tecnológicas recuerdan a las prácticas de la burbuja puntocom, cuando las empresas se compraban servicios entre sí para inflar sus cifras de ingresos. Nvidia invierte en OpenAI, que destina gran parte de ese dinero a comprar los propios chips de Nvidia. Microsoft posee el 27 por ciento de OpenAI y representa casi una quinta parte de los ingresos de Nvidia. Y Nvidia garantiza comprar lo que CoreWeave no consiga vender hasta 2032, una red de dependencias cruzadas que hace muy difícil saber cuánta de la demanda real de inteligencia artificial es orgánica y cuánta es producto de un circuito cerrado de dinero que se mueve entre las mismas manos.

Lo que enero de 2025 dejó claro con la irrupción de DeepSeek, la empresa china que consiguió desarrollar un modelo comparable a los occidentales por una fracción del coste, es que el mercado es capaz de entrar en pánico con la misma velocidad con la que se recupera. Nvidia perdió 600.000 millones de dólares de capitalización en un solo día tras conocerse la noticia, la mayor caída en la historia de una empresa estadounidense, pero unos meses después alcanzó una valoración de cinco billones de dólares. Esa capacidad para asimilar los sustos sin que nadie retire las fichas de la mesa es precisamente lo que hace tan difícil determinar si estamos ante una burbuja a punto de estallar o ante una transformación económica cuyas dimensiones todavía no somos capaces de calcular.

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