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Se debe parar de inmediato por la seguridad de Chile. Si Chile lo admite, permitiría al régimen de Xi Jinping controlar nodos de transmisión estratégica.
Tecnología09/02/2026 Akura Noyomoto- Periodista Científico
Sin ningún cronograma público ni detalles de las inversiones, China avanza en la instalación de un cable submarino de fibra que une a Hong Kong con las costas de Chile. Con la infraestructura bajo el agua, el régimen comunista de Xi Jinping competirá con las plataformas de Estados Unidos que conectan a la nación austral con California y Carolina del Sur.
La batalla de Pekín por aumentar sus plataformas trasatlánticas transcurre de forma casi secreta. Sobre el proyecto llamado Chile–China Express (CCE) hay discreción absoluta.
La información disponible sobre su financiamiento, instancias involucradas, así como condiciones contractuales suscritas, están bajo reserva. Lo único conocido es que este cable submarino tendrá una capacidad de transmisión de 144 terabits por segundo y una vida útil estimada de 25 años.
La situación contrasta en comparación con el proyecto Cable Humboldt, desarrollado entre La Moneda, Google, la empresa estatal Desarrollo País y la Oficina de Correos y Telecomunicaciones de la Polinesia Francesa. Sobre esta iniciativa está claro que el trazado abarca 12000 kilómetros y conectará, a partir del último trimestre de este año, a Valparaíso con Sídney, pasando por Tahití, tras una inversión de 550 millones dólares con socios identificados.
Las notables diferencias en el manejo de estos proyectos esconden una realidad: “No ha existido una conducción institucional clara ni transparente. Las decisiones se tomaron por impulsos presidenciales, sin lineamientos estables ni defensa coherente de lo que Chile necesita”, apunta el senador Alejandro Kusanovic, quien incluso duda de la visión de la Cancillería en el asunto.

Las miradas giran hacia el gobierno del presidente Gabriel Boric. Su Administración consintió esta propuesta del gigante asiático que pretende dejar a un lado a los dos cables submarinos estadounidenses, Curie y Cirion, que permiten a Chile estar conectado con el mundo con sus más de 20.000 kilómetros de red operativa.
La multinacional Inchcape Shipping Services (ISS), especialista en gestión portuaria y servicios marítimos, está a cargo del proyecto chino junto a la empresa Puerto Valparaíso. Ambas coinciden en que Chile alcanzará hasta 16 terabits por segundo de velocidad y significaría un “salto cualitativo“ e incluso, reducción en los costos asociados a la transmisión de datos. También promete mejorar la estabilidad de internet, facilitar el intercambio de información científica, potenciar servicios en la nube e inteligencia artificial al conectar a Valparaíso con puntos en Guangdong y Shenzhen.
Sin embargo, los cables submarinos son más que enlaces, equivalen a activos estratégicos que, dependiendo de quien los controle, facilita el acceso a información sensible, permite vigilar bases de datos y operar como sensores.
El poder de China con un cable submarino en Chile de alta capacidad es un problema, si se admite que el CCE permitiría al régimen de Xi Jinping controlar nodos de transmisión estratégica. Esto se debe a que su Ley de Ciberseguridad, aprobada en 2017, obliga a empresas y ciudadanos a cooperar con los servicios de inteligencia y establece requisitos de almacenamiento local, auditoría y transferencia de datos para operadores de infraestructura crítica.
A su vez, la normativa exige la colaboración activa de cualquier empresa, dentro y fuera del país, con las actividades de inteligencia del Estado. El marco implica que datos que circulen por infraestructura gestionada por empresas chinas pueden ser puestos a disposición de Pekín, sin que los usuarios ni los Estados interconectados tengan forma de impedirlo.
Chile no sería el único afectado. Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Perú o Ecuador también enfrentarían riesgos, porque parte de su tráfico estará enrutado por el Chile–China Express. En resumen, el control chino de la infraestructura digital en Valparaíso comprometería la seguridad de datos de la región.
China insiste en rebatir los cuestionamientos. No tiene más opciones, cuando Chile es el mayor receptor en YouTube de la desinformación que divulgan los canales chinos. Desde hace dos años, La nación austral figura como el epicentro de la maniobra mediática del régimen de Xi Jinping, que busca convertir a los seguidores ocasionales en espectadores recurrentes de contenido político infiltrado en piezas de entretenimiento.
Sólo la Agencia de Noticias de Xinhua, la más grande en China, cuyo rol es promover las relaciones que mantiene el país en la región entre sus 80.000 seguidores posiciona a Chile como el país más mencionado de América Latina en las producciones audiovisuales que suman 31 millones de vistas.
Sin embargo, el futuro del proyecto que impulsa Pekín estará en debate. El próximo 2 de marzo, cuando se reactiven las sesiones en el Congreso, la Comisión de Defensa Nacional convocará una plenaria para revisar los antecedentes.

Parlamentarios están preocupados por una iniciativa que podría alejar a Chile del mapa regional. A inicios de julio del año pasado, la Inchcape Shipping Services (ISS), una de las principales multinacionales de gestión portuaria y servicios marítimos del mundo, presentó a la empresa Puerto Valparaíso los avances que se han llevado a cabo en el proyecto Chile–China Express (CCE), iniciativa secundada por el gobierno de Gabriel Boric que busca unir mediante un cable submarino de fibra óptica la ciudad de Valparaíso con Hong Kong.
Según sus promotores, el cable alcanzaría velocidades de hasta 16 terabits por segundo, reduciendo costos, mejorando fiabilidad y posicionando a Chile como hub digital global. Además, Víctor Oelckers, gerente general de ISS, afirmó que el proyecto fortalecería la autonomía digital al disminuir la dependencia de cables que conectan actualmente con Estados Unidos.
En ese contexto, Oelckers explicó que ISS buscó la experiencia de Puerto Valparaíso para definir concesiones y el mejor punto de aterrizaje del cable. Sin embargo, a diferencia del Cable Humboldt, el Chile–China Express avanzó con marcado secretismo y sin anuncios oficiales del Ejecutivo.
El Cable Humboldt, desarrollado junto a Google, cuenta con cronograma público, socios definidos, inversión estimada y fecha de operación prevista para 2027. En contraste, el Chile–China Express figura como proyecto en progreso, sin información clara sobre financiamiento, consorcio ni términos contractuales.
Por ello, legisladores alertaron que el proyecto otorgaría a China control sobre nodos estratégicos de transmisión de datos en Sudamérica. Además, recordaron que la legislación china obliga a empresas a colaborar con servicios de inteligencia, incluso respecto de datos gestionados en el extranjero.
En consecuencia, datos que circulen por infraestructura controlada por empresas chinas podrían quedar disponibles para Pekín, sin mecanismos efectivos de oposición. Asimismo, el impacto superaría a Chile, ya que países vecinos podrían enrutar tráfico por ese cable, ampliando el riesgo regional.
Ante este escenario, el senador Alejandro Kusanovic calificó el proyecto de incómodo y exigió al futuro gobierno de José Antonio Kast corregirlo con urgencia. Posteriormente, Kusanovic acusó falta de transparencia, criticó decisiones presidenciales sin lineamientos estables y llamó a proteger el interés nacional.
En paralelo, el diputado Hotuiti Teao solicitó una sesión secreta en la Comisión de Defensa Nacional para revisar antecedentes del proyecto. Teao sostuvo que la naturaleza estratégica del cable justifica una fiscalización profunda, dado su vínculo con infraestructura crítica y seguridad nacional.

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