Noviembre 2, 2026

Clayface se ha consagrado como el golpe sobre la mesa definitivo de DC Studios, apoderándose del primer puesto de la taquilla en su fin de semana de estreno con una audaz propuesta que abandona la tradicional pirotecnia de los superhéroes para abrazar el terror corporal más puro y visceral.

Milenka Swett -Periodista del El Ciudadano Digital-

Clayface la producción, que debutó en las salas de cine norteamericanas este pasado 23 de octubre bajo el ala de Warner Bros. Pictures, logró recaudar unos impresionantes 24 millones de dólares a nivel doméstico y un global de 43 millones de dólares en su primer fin de semana, superando cómodamente a sus competidores directos y demostrando que el público está hambriento de historias maduras, arriesgadas y, sobre todo, perturbadoras. Con un presupuesto ajustado que ronda los 40 millones de dólares, los directores ejecutivos James Gunn y Peter Safran han anotado un rotundo triunfo comercial al otorgar total libertad creativa a cineastas que entienden las mecánicas del miedo. Clayface se estrenó en los cines de Chile el pasado jueves 22 de octubre de 2026


“Redes Neuronales: La Mente Artificial” de Miguel Angel Ducci: Una obra apasionante, de lectura entretenida pero técnica y rigurosa en algunos capítulos, que mantiene al lector expectante a medida que avanza en la lectura.

¿Las IA piensan o algo parecido? Es la pregunta que los investigadores más serios de la Inteligencia Artificial se hacen en voz baja en los laboratorios informáticos, cuando nadie los escucha. Y es la pregunta que investiga “Redes Neuronales: La Mente Artificial”, la nueva obra de Miguel Angel Ducci. Un libro técnico, académico, clásico y riguroso. 241 páginas a color. Impresión de lujo, tapa dura y texto a color, 21.56 x 28.55 centímetros. Un libro de colección.


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Su director y secuaces

Detrás del éxito de Clayface se encuentra la dirección del británico James Watkins, un artesano del suspenso responsable de obras como Eden Lake o el reciente éxito Speak No Evil, quien aquí se alía con una eminencia contemporánea del género, Mike Flanagan, encargado de coescribir un guion tan trágico como terrorífico junto a Hossein Amini. La trama se inspira de manera muy inteligente en la esencia trágica de Batman: la serie animada.

Clayface

Tom Rhys Harries es Clayface (Cara de Barro).

Presentándonos a Matt Hagen interpretado de manera brillante por Tom Rhys Harries, un carismático actor de Hollywood en pleno ascenso cuyo rostro queda trágicamente desfigurado tras un brutal ataque perpetrado por un mafioso, personaje a cargo del siempre solvente David Dencik. Desesperado por recuperar su belleza, su estatus y su antigua vida, Hagen se somete de forma voluntaria a un tratamiento médico clandestino y altamente experimental diseñado por la doctora Caitlyn Corr, una magnífica Naomi Ackie. Esta terapia celular, basada en una avanzada tecnología de nanocélulas con inteligencia artificial destinadas a moldear la piel artificialmente, termina saliéndose de control al reaccionar directamente con los oscuros e incontrolables deseos de venganza del protagonista, corrompiendo su cuerpo y su psique hasta mutarlo en una monstruosa entidad de arcilla capaz de alterar su apariencia física a voluntad.

El Valor Cinematográfico

El verdadero valor cinematográfico de la cinta radica en su descarado homenaje al body horror de la vieja escuela, evocando de forma directa las retorcidas atmósferas de maestros de la mutación biológica como David Cronenberg o la crudeza estética vista recientemente en éxitos independientes como La sustancia. Watkins huye activamente de los abusivos efectos digitales para priorizar el uso de maquillaje protésico y efectos prácticos de primer nivel, regalando a los fanáticos de las emociones fuertes secuencias verdaderamente espeluznantes, incluyendo una gráfica intervención quirúrgica casera y dolorosas transformaciones físicas a pantalla completa que logran incomodar genuinamente al espectador en su butaca. Acompañado por las soberbias actuaciones de un reparto secundario de lujo que incluye a Max Minghella y al veterano Eddie Marsan, el largometraje funciona a la perfección como una pieza de horror autónoma y autoconclusiva, alejándose de la pesada e interminable mitología de interconexiones que suele asfixiar al cine de franquicias actual.

La realidad y el gusto de la fanaticada

A pesar de que sectores más conservadores de la crítica han catalogado la cinta como un ejercicio genérico que por momentos teme profundizar en sus consecuencias morales más oscuras, la recepción general se mantiene sumamente saludable con un 76% de aprobación de la prensa especializada en portales como Rotten Tomatoes (tomates podridos) y un abrumador 93% por parte de las audiencias, quienes celebraron con entusiasmo la calificación R del filme. Esta recepción comercial posiciona de manera formidable el inicio del capítulo “Dioses y Monstruos” de la nueva era de DC Studios, probando que las adaptaciones de viñetas aún tienen mucho que ofrecer cuando se atreven a mudar de piel, romper los moldes tradicionales y explorar sin tapujos la perversión, la pérdida de la identidad y la descomposición de la carne humana.

La metamorfosis del personaje

La perturbadora metamorfosis de Matt Hagen en Clayface se ha convertido en el nuevo estándar del horror biológico moderno, lográndose mediante una monumental estrategia de 18 etapas distintas de maquillaje protésico y silicona de grado médico. El director James Watkins y la célebre firma de efectos físicos Legacy Effects rechazaron la dependencia absoluta del CGI, diseñando un sistema evolutivo donde finas capas de silicona especializada emulaban con escalofriante realismo la forma en que la piel humana se estira, se rompe y se descuelga bajo la fuerza de la gravedad. Para encarnar esta dolorosa degradación, el actor Tom Rhys Harries se sometió a extenuantes sesiones diarias de entre dos y cuatro horas en la silla de maquillaje, usando la propia incomodidad física de las prótesis como un motor orgánico para proyectar la agonía, el asco y la progresiva pérdida de identidad de su personaje.

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