Abril 13, 2026

Ingenieros crean tecnología que permite identificar videos y fotos falsas con IA

La llamada C2PA será implementada en todos los aparatos.

Miguel Angel Ducci -CEO, Founder & Editor El Ciudadano Digital-

Investigadores de la ETH Zúrich han creado un sensor que estampa un sello criptográfico de autenticidad en fotos y vídeos. Es la única manera de asegurarse de que un vídeo es real, pero los fabricantes tendrán que implementarlo.

La verdad de lo que vemos esta en juicio, gracias a los nuevos modelos de inteligencia artificial generativa que producen contenido multimedia sintético con un aspecto indistinguible de la realidad, pero un equipo de investigadores ha ideado una solución para salvarnos. Los ingenieros de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich han diseñado un prototipo funcional de cámara que estampa físicamente un sello criptográfico de autenticidad en cada foto y vídeo justo en el sensor que capta cada fotón del mundo real. “La confianza en los contenidos digitales se está erosionando. Queríamos crear una tecnología que ofreciera a la gente una forma de comprobar si algo es genuino”, explicó el codesarrollador Felix Franke en un comunicado de prensa.

C2PA

Esta nueva arquitectura de componentes físicos cambia fundamentalmente la forma en que verificamos contenidos multimedia. Hoy, la industria tecnológica usa un estándar llamado C2PA (Coalición para la Procedencia y Autenticidad del Contenido), que ya está disponible en algunos dispositivos, como las cámaras de gama alta de Leica, Nikon, Fuji y la línea Alpha de Sony. También ha llegado recientemente al mercado de los teléfonos móviles con el Google Pixel 10.

Este estándar depende del procesador principal del dispositivo para firmar los datos, estampando vídeos y fotografías con un sello criptográfico que verifica su autenticidad. Pero, como el sellado se produce lejos del sensor de la cámara, deja una puerta abierta para que los piratas informáticos introduzcan información visual falsificada en el procesador, que luego sellaría un vídeo falso con un sello “verdadero”.

Los suizos trasladan el punto de control de seguridad directamente a donde entra la luz, desactivando cualquier posibilidad de falsificar nada (a menos que consigas que Stanley Kubrick dirija tu alunizaje en un plató).

La clave está en el sensor

Con el microchip de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, los investigadores han integrado circuitos criptográficos justo al lado de los píxeles que captan la luz. En el momento en que se toma una foto, el dispositivo calcula al instante una huella dactilar matemática única de la realidad capturada. Si se altera un solo píxel de la imagen después de que se produzca este estampado, esa huella se rompe por completo.

“Si los datos se firman en el momento de su captura, cualquier manipulación posterior deja rastros”: Fernando Cardes, artículo publicado en Nature Electronics.

Una vez calculada esa huella, un segundo circuito la bloquea mediante una clave privada: una contraseña criptográfica secreta grabada permanentemente en el silicio.

Nunca podrán hackearla

Debido a que esta clave privada está atrapada físicamente dentro de la arquitectura del sensor, un pirata informático nunca puede extraerla, copiarla ni interceptarla. El archivo nace seguro antes de moverse un solo milímetro desde donde aterrizó la luz originalmente.

Para que el mundo sepa que el metraje es real, los fabricantes de cámaras publicarían la ‘clave pública’ correspondiente del sensor en un registro público inmutable, como una cadena de bloques.

Cualquiera puede utilizar ese registro público para verificar matemáticamente que el vídeo procede de ese microchip físico exacto y que no ha sido manipulado. Para falsificar un vídeo, un atacante no podría limitarse a escribir un programa malicioso; tendría que abrir físicamente el aparato y manipular los circuitos microscópicos del propio sensor. Esto es imposible, según los investigadores.

Una cámara acorazada

Esa cámara acorazada hermética es totalmente segura, al contrario que el estándar actual, donde el sensor capta una escena, traduce la luz en información digital y la envía por un cable interno hasta llegar al microchip principal.

Solo después de que los datos terminan ese viaje, el procesador estampa una firma criptográfica en el archivo. Ese pequeño viaje por el cable es una vulnerabilidad de seguridad.

Un hacker sofisticado puede interceptar ese cable interno, secuestrar la transmisión en bruto e inyectar un flujo de vídeo completamente sintetizado, produciendo un vídeo que puede circular como real.

El procesador principal del teléfono no tiene ni idea de que le están mintiendo, por lo que firma a ciegas el metraje falso, certificando oficialmente cualquier alucinación algorítmica como un hecho verificado. ¿Sería difícil hacerlo? Sí. Pero es posible.

Los principales obstáculos del nuevo microchip de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich en comparación con las soluciones C2PA actuales se reducen a la escala de fabricación y el dinero.