Abril 13, 2026

Chile fue usado como herramienta de una operación de desinformación rusa.

Los documentos lo prueban.

Logo de todos los artículos de El Ciudadano Digital Rafael Muñoz Canessa – Máster en Relaciones internacionales y Ciencias políticas.- Columnista de El Ciudadano Digital-

En agosto de 2024, circuló en redes sociales una noticia alarmante: tres ciudadanos argentinos habían sido detenidos en la Región de Ñuble con explosivos, drones y mapas electrónicos, listos para sabotear el gasoducto transandino por orden de Javier Milei. Era completamente falsa. Y estaba diseñada en Moscú.

La revelación llegó en abril de 2026, con la publicación de 76 documentos internos filtrados de la red de inteligencia rusa conocida como “La Compañía”. Entre esos documentos hay uno fechado en septiembre de 2024, titulado, sin eufemismos, “Turistas argentinos”. Su objetivo declarado: “crear tensión entre Argentina y Chile del 13 de agosto al 29 de agosto 2025“.

“Se difundió una historia sobre Milei enviando un grupo de sabotaje para organizar un ataque terrorista contra el gasoducto trasandino en Chile, con el fin de interrumpir un contrato de gas en el interés de Estados Unidos.”

La historia fue publicada por el medio argentino El Destape que según los registros recibió pagos por 67.500 dólares en el marco de la campaña y replicada días después por dos sitios chilenos: Osorno en Vivo y La Razón. El editor del primero reconoció a OpenDemocracy que alguien publicó la nota sin que él supiera quién ni cómo. El segundo no respondió.

El gasoducto transandino no cruza la Región de Ñuble. La entonces ministra de Defensa, Maya Fernández, no viajó a la zona en las fechas indicadas. No hubo argentinos detenidos. Nada de la historia era real. Pero circuló como real.

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La operación no buscaba informar.

Buscaba que dos países vecinos se miraran con desconfianza. Ese es el propósito de la guerra híbrida: no ganar un debate, sino envenenar el ambiente en que los debates ocurren.

Y eso era solo lo que llegó a publicarse. Los documentos revelan titulares que se prepararon pero nunca se lanzaron, aún más incendiarios: “Mapa de la partición de Chile tras la guerra con Argentina” y “Se están reclutando soldados en Argentina para una guerra con Chile”. Narrativas diseñadas para despertar las memorias del conflicto del Beagle de 1978. La historia como materia prima para el caos presente.

Y la historia falsa funciono

Lo que este caso deja en claro para Chile no es solo que fuimos blanco indirecto de una operación extranjera. Es algo más incómodo: la historia funcionó. Circuló. Fue replicada por medios locales sin verificación. Y si no tuvo mayor impacto fue más por la solidez de la relación bilateral que por la capacidad de nuestro ecosistema mediático de detectarla a tiempo.

Chile no tiene marcos regulatorios para rastrear el financiamiento externo de contenidos digitales. No tiene protocolos de alerta temprana ante campañas de desinformación transnacional. No tiene hasta donde es público, mecanismos de coordinación con Argentina o con la UE para este tipo de amenazas.

Lo que sí tiene es una frontera larga, una historia de tensiones vecinas que puede ser instrumentalizada, y un ecosistema de medios digitales con recursos y supervisión editorial limitados. Exactamente las condiciones que “La Compañía” busca explotar.